En caso de descubrir que un menor practica sexting hay que hablar con él, sin prejuicios y calmadamente, a fin de hacerle entender los riesgos a los que se expone al difundir imágenes personales comprometidas.
Del mismo modo, si recibe contenidos sexuales de personas que conoce (sexting pasivo), es importante hacer entender al adolescente la importancia de no seguir participando en la difusión de esas imágenes e informar al protagonista de las mismas, para que pueda tomar las medidas oportunas.
Si el sexting tiene lugar en el entorno escolar, en ocasiones puede resultar muy útil implicar a la dirección del centro para tratar de encontrar soluciones de carácter educativo.
Para los adultos, es vital fomentar un clima de confianza con los menores, de manera que se puedan tratar los riesgos derivados del sexting con respeto, madurez y responsabilidad.
Si los contenidos ya han sido expuestos y se han hecho públicos (por ejemplo, en una red social o en un álbum de fotos en Internet), se deben iniciar las medidas oportunas para tratar de eliminarlos. Para ello, la persona que solicita la retirada de la imagen debe ponerse en contacto con los administradores del sitio web donde está publicada. Alternativamente puede instarse su eliminación a través de una denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos.
Para ayudar psicológicamente al menor afectado siempre es recomendable consultar con un psicólogo, ya que puede estar pasando por momentos difíciles al ver expuesta su intimidad ante todo el mundo. Además hay que estar al tanto del entorno del menor para que esta situación no derive en una mofa o ciberbullying que la empeore.
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